COLUMBUS, Ohio, 14 de noviembre de 2016 /PRNewswire-HISPANIC PR WIRE/ -- Las hermanas católicas de hoy se ven muy diferentes de las mujeres que se hicieron monjas hace 40 años. Y no tiene nada que ver con si usan hábito o no.

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Mientras celebramos la Semana Nacional de Concientización sobre las Vocaciones, las Hermanas Dominicas de la Paz son un buen ejemplo de lo que las hermanas de hoy tienen de diferente.

Antes de convertirse en dominica, la hermana Ana Gonzalez, de 36 años, se desempeñó durante 10 años como representante de relaciones públicas de la Cámara de Comercio Hispana en El Paso, Texas, la comunidad fronteriza multicultural más grande del mundo. Llegó a los Estados Unidos desde la Ciudad de México cuando tenía diez años.

La hermana Margaret Uche, de 51 años, creció en una familia católica en Nigeria y asistió a una escuela religiosa allí durante poco tiempo. Llegó a los Estados Unidos hace 34 años para ir a la universidad en Minnesota y se cambió a la Universidad Estatal de California-Dominguez Hills, donde se graduó en biología.

Ambas mujeres representan una nueva diversidad cultural en la vida religiosa.

Tanto la hermana Ana como la hermana Margaret contaron que tomaron la decisión de ingresar a la congregación después de un largo período de autoevaluación. Ambas dejaron carreras seculares muy activas porque sentían que algo faltaba en sus vidas, algo que creen haber encontrado en el estilo de vida dominico.

"Había completado mi maestría, estaba por cumplir 30 años, hacía 10 años que trabajaba y era adicta al trabajo, pero me sentía vacía por dentro", contó la hermana Ana. "Sentía que me definía lo que hacía, no quien era. Empecé a cuestionar mi espiritualidad. Durante mi búsqueda, apareció la idea de ingresar a la vida religiosa. No lo había pensado antes, pero recordé mi interacción con Hermanas Dominicas de la Paz talentosas, educadas y dinámicas. Sentí que algo brotaba en mi interior y daba luz a una nueva vida".

Ana dijo que una de las mayores dificultades que tuvo que superar en relación con su cambio de estilo de vida fue la oposición de su padre. "Mi madre siempre quiso que estudiara primero y fuera profesional, pero mi padre sentía que el rol de una mujer debía ser el de esposa y madre", comentó. "Ahora respeta mi elección, aunque no la entienda. Dice que solo quiere que yo sea feliz. Al principio mi madre estaba preocupada porque pensaba que yo iba a estar sola, pero ahora que me ha visto interactuar con las otras hermanas, sabe que no será un problema. Encontré mucha alegría y risa con las hermanas", dijo la hermana Ana. "Me alentaron a crecer".

La hermana Margaret nació en Nigeria y estudió enfermería en la Universidad de Houston. "En la cultura nigeriana se cree que una mujer no debe vivir sola en su casa, pero yo no creía que el matrimonio fuera lo correcto para mí", dijo la hermana Margaret. "Mis parientes en Nigeria estaban muy preocupados y uno de ellos me dijo que había hablado con un sabio quien le dijo que yo debía rezar sobre mi vocación. Seguí su consejo, y mi mente y mi corazón comenzaron a abrirse. Cuando conocí a las Hermanas Dominicas de la Paz, su amor y compasión me llegaron al alma y sentí: 'Esto es lo que estaba buscando'".

"Mis padres fallecieron pero creo que estarían muy felices y apoyarían mi decisión si estuvieran vivos en este momento. Tengo un hermano en Texas y otro en Nigeria, además de cuatro hermanas en Nigeria, y también están contentos con mi decisión".

Las mujeres que ingresan a la vida religiosa hoy reflejan una historia más compleja y una diversidad cultural creciente entre los católicos en EE. UU. La hermana Ana y la hermana Margaret son buenos ejemplos de esta tendencia.

La Semana Nacional de Concientización sobre las Vocaciones, patrocinada por el Comité sobre Clero, Vida Consagrada y Vocaciones de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (USCCB, por sus siglas en inglés), está diseñada para ayudar a promover la concientización sobre las vocaciones y alentar a los jóvenes a hacerse esta pregunta: "¿A qué vocación en la vida me llama Dios?"

Fuente : Dominican Sisters of Peace

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