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Experto en estrés en la infancia dice cómo hablar a los niños sobre el huracán Katrina; Dr. Victor Carrion, director del Programa de Investigación sobre Estrés de la Infancia del Hospital Infantil Lucile Packard



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Stanford, CA–(HISPANIC PR WIRE – BUSINESS WIRE)–19 de septiembre de 2005–Proteger a los niños de los medios de comunicación masiva puede ser una tarea difícil en los tiempos que corren. La televisión vocifera noticias sobre el desastre causado por el huracán Katrina y los diarios ofrecen numerosas fotografías de la tragedia. ¿Es conveniente tratar de limitar la exposición de los niños a estas imágenes e historias? ¿Cómo podemos responder a sus preguntas sobre el destino de la gente atrapada en la tormenta y la posterior inundación? El psiquiatra infantil Victor Carrion es el director del Programa de Investigación sobre Estrés de la Infancia del Hospital Infantil Lucile Packard, que estudia el impacto del abuso y los traumas sobre una mente en desarrollo. En esta entrevista, el Dr. Carrion nos orienta sobre cómo tranquilizar e informar a nuestros hijos mientras continúan las tareas de recuperación tras la tormenta.

P: ¿Se debe permitir que los niños vean y escuchen informes periodísticos sobre el huracán y sus consecuencias?

R: Creo que es parte del trabajo de los padres limitar la exposición de los niños a los medios de comunicación, adecuándola tanto a su edad cronológica como a su grado de desarrollo. Los niños más pequeños, obviamente, deberían tener escasa o ninguna exposición, y los padres deberían restringir la exposición de alguna manera incluso en adolescentes. En general, yo no les permitiría ver las noticias ni leer los periódicos durante acontecimientos como el huracán, a menos que sea necesario por alguna razón, como un proyecto o informe escolar.

Esto se debe a que uno de los factores de riesgo para el estrés postraumático es la proximidad al acontecimiento. Las personas que estuvieron en el epicentro de un terremoto presentan más síntomas de trauma que otras que estuvieron más lejos. Sin embargo, cada vez más, los medios introducen hechos como éste en nuestros hogares y lo aproximan a todo el mundo. Los padres también deben saber que su hijo o hija probablemente oirá hablar de la tragedia en la escuela o entre amigos, y deben estar preparados para responder sus preguntas.

P: ¿Qué sucede si, pese a los esfuerzos de los padres, un niño ve fotografías o videos perturbadores? ¿Qué tipo de preocupaciones puede ocasionarles? ¿Cómo deberían actuar los padres frente a ellas?

R: Un niño preocupado hace preguntas sobre lo que ha visto y escuchado, y los padres deben responderle de manera sencilla y directa. Deben permitir que el niño tenga el control de la conversación y no ofrecerle información adicional a menos que la pida. Además, es importante tener en cuenta la respuesta emocional que el niño puede tener ante esas respuestas. Es natural que niños de todas las edades se preocupen por su propia seguridad cuando escuchan que a otros les ocurren cosas malas.

En los preescolares, el principal temor suele ser el de quedar solos, separados de sus padres o cuidadores. Ya los niños en edad escolar pueden volverse más apegados y sentirse desamparados o fuera de control. Quizá quieran faltar a la escuela o se quejen de cefalea o dolor abdominal. Los adolescentes pueden volverse más introvertidos o afirmar que ellos no tendrían problemas para evacuar su hogar o escapar a la inundación.

Estas son respuestas normales; los padres no deben esperar valentía de sus hijos. Tampoco deben obligarlos a discutir hechos específicos. Es más importante hablarles sobre cómo se sintieron ante las imágenes o los informes periodísticos. En la conversación, el padre o la madre debe poner énfasis en que el niño se encuentra en un lugar seguro y estaría protegido si algo similar ocurriera allí. Conviene destacar algunos mensajes positivos: muchas personas fueron rescatadas, algunas están rehaciendo su vida, y se está drenando el agua de la ciudad. También hay que recordarles que la preocupación por esos asuntos es tarea de los padres, no de los niños.

P: Pero en el caso de este huracán, muchas de las cosas que los niños más temen –separarse de sus padres, quedar solos, perder todas sus pertenencias- realmente ocurrieron. ¿Cómo pueden los padres tranquilizarlos con afirmaciones que pueden no ser ciertas?

R: Los padres también son seres humanos, y tienen sus propias reacciones ante lo que ha ocurrido y ocurre. Muchos pueden sentirse también muy desprotegidos. Sin embargo, es importante que los padres reconozcan cuáles son sus propios miedos y hacerlos a un lado cuando hablan con sus hijos. Decir cosas como “Siempre te protegeré” es parte de la tarea parental. Los niños necesitan saber que sus padres tienen el control. No deberían tener que preocuparse porque sus padres precisan de su apoyo, o porque están demasiado preocupados para cuidarlos.

P: Además de hablar en forma tranquilizadora sobre la tragedia, ¿hay alguna medida concreta que los padres puedan tomar para ayudar al niño a sentirse mejor?

R: Según la edad del niño y su grado de conciencia sobre el desastre, podría ser útil involucrarlo activamente en el esfuerzo de la ayuda de emergencia. Por ejemplo, un niño puede poner un puesto de limonada o realizar una venta de garage y donar las ganancias a las víctimas del huracán. Si un niño tiene familiares en el área afectada, puede ser útil alentarlo a escribirles cartas. Este tipo de actividades pueden devolver al niño la sensación de control.

Si el niño permanece muy preocupado sobre su seguridad, puede ser útil informarle de planes de emergencia familiares para casos de incendio o terremoto. Realizar simulacros o discutir los planes en familia puede tranquilizar al niño si se realiza con calma y naturalidad. Los padres pueden presentar esos planes como prueba de su compromiso y capacidad de proteger al niño. Sin embargo, tales discusiones y prácticas pueden perder su propósito tranquilizador si se realizan de manera que causen temor.

P: Supongamos que el hijo es un adolescente mayor que conoce el alcance de los hechos de las últimas semanas. Algunas de las imágenes e historias pueden provocarle dudas de índole ética. Por ejemplo, por qué algunas personas no pudieron evacuar sus hogares antes de la tormenta, o si el saqueo en estas circunstancias es un robo o una táctica de supervivencia. ¿Deben los padres discutir estos temas con sus hijos?

R: Los padres no deben temer a este tipo de discusiones. Los niños son muy concretos: ven las cosas como buenas o malas, blancas o negras. A medida que crecen, comienzan a percibir que la mayoría de las cosas tienen matices de gris. Esa etapa es una oportunidad valiosa para enseñarle que “bueno” y “malo” no son palabras sencillas. Algunas personas no pudieron evacuar sus hogares porque no tenían los medios para hacerlo; otras decidieron quedarse porque su casa y sus pertenencias eran muy importantes para ellas, o por muchas otras razones personalmente legítimas. Muchas de las personas que robaron artículos de las tiendas los necesitaban para sobrevivir; otras no. Es un buen momento para hablar con los hijos sobre las circunstancias y el contexto. Pero hay que hablarles a su nivel, y no esperar demasiado.

P: Obviamente, algunos niños se sentirán más afectados por esta tragedia que otros. ¿Cómo pueden los padres detectar si su hijo está sobre reaccionando y precisa ayuda especializada?

R: Sabemos que ciertos grupos de niños, como los que han sufrido traumas anteriores, los que luchan contra la ansiedad en su vida cotidiana y los que son especialmente vulnerables al estrés por diversas razones, son más sensibles a imágenes e informes periodísticos perturbadores. Con estos niños, los padres deben ser aún más protectores y tranquilizadores. Deben vigilarlos muy de cerca para que su respuesta normal al huracán no se vuelva invalidante.

Cualquier tipo de comportamiento anormal que interfiera con el normal funcionamiento del niño es síntoma de que precisa ayuda profesional para superar sus sentimientos acerca del huracán. Por ejemplo, es posible que su nivel académico disminuya, que no quiera jugar con sus amigos o que se vuelva notoriamente más introvertido. Puede tener pesadillas o pensamientos recurrentes sobre la catástrofe. Si este tipo de respuesta persiste más de un mes o interfiere de manera importante con el normal funcionamiento del niño, puede ser hora de buscar ayuda especializada.

Acerca del Hospital Infantil Lucile Packard

Considerado uno de los primeros 10 hospitales pediátricos de Estados Unidos por el informe “U.S. News and World Report”, el Hospital Infantil Lucile Packard, de Stanford, es una institución de 264 camas dedicada al cuidado materno-infantil. El hospital ofrece servicios pediátricos, obstétricos y quirúrgicos. Asociado con la Facultad de Medicina de Stanford, el Packard ofrece a sus pacientes a nivel local, regional y nacional una amplia gama de programas y servicios de salud, desde los cuidados preventivos y de rutina hasta el diagnóstico y tratamiento de enfermedades y lesiones graves. Para obtener más información, visite el sitio http://www.lpch.org.

Experto en estrés en la infancia dice cómo hablar a los niños sobre el huracán Katrina; Dr. Victor Carrion, director del Programa de Investigación sobre Estrés de la Infancia del Hospital Infantil Lucile Packard