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La Convención Nacional Demócrata 2008: Discurso Preparado para ser Pronunciado por Jesse Jackson Jr., miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Illinois



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DENVER, 25 de agosto /PRNewswire-HISPANIC PR WIRE/ — El siguiente texto es la transcripción de un discurso, preparado para ser pronunciado por Jesse Jackson Jr. en la Convención Nacional Demócrata el lunes 25 de agosto de 2008.

(Logo: http://www.newscom.com/cgi-bin/prnh/20080331/DNCCLOGO )

Estoy seguro de que el Dr. King nos mira desde el cielo y advierte que ésta es la primera convención política en la historia que tiene lugar a la vista de la cúspide de su monte.

El día que el presidente Johnson envió al Congreso la Ley de Derechos de Votación, él dijo: “A veces, la historia y el destino se encuentran en un único momento y un único lugar, para determinar un punto de inflexión en la eterna búsqueda del hombre por la libertad”.

Y así fue en Lexington y Concord. Así fue en Appomattox. Así fue en Selma, Alabama. Esta noche, yo quisiera agregar: y así será en Denver, Colorado, con la nominación de Barack Obama para ser el presidente de los Estados Unidos.

Qué cosa notable es que el hombre que hace cuatro años participó en esta convención como orador destacado, ahora regrese este año como el candidato para la presidencia de nuestro partido. Pero para aquellos de nosotros que hemos conocido a Barack durante esta década en su función pública en Illinois, sabemos que el ansia de cambio, el deseo de unidad, al cual es un mensaje que resuena en todo el país.

Recuerdo la primera vez que Barack decidió postularse para el Senado Federal de los Estados Unidos. Después de una carrera destacada en el Senado estatal, y sobrepasar las barreras partidarias para poner un recorte de impuestos en los bolsillos de las familias trabajadoras, para ampliar la atención médica a más niños y padres, y para oponerse a los de cabildeo que tenían tanta influencia en Springfield.

Pero a pesar de estos antecedentes, la mayoría de los de Springfield no tomaron demasiado en serio su candidatura. El establecimiento del partido era escéptico con respecto a este joven líder del sur. No sabían qué pensar de un hombre como Barack, con un padre de Kenya, una madre de Kansas y un nombre raro que sólo unos pocos sabían pronunciar. No veían en qué forma este ex activista comunitario podría tener la posibilidad de derrotar a candidatos con más dinero, de prenombre y con el apoyo de “toda la gente adecuada”.

Pero esto es lo que pasó: esa carrera no iba a decidirse en los pasillos del poder en Springfield ni en los edificios en altura frente al lago. No iban a decidirlo los agentes del poder ni los formadores de opinión. Iba a decidirlo el pueblo de Illinois. Illinois es América. Son grandes ciudades y pueblos pequeños, viejas fábricas y nuevas industrias, son los eternos valores del Medio Oeste de fe, familia y trabajo arduo. Y son negros y blancos y latinos viviendo todos juntos, como una familia de Illinois, como una sola América. Y el pueblo de Illinois estaba hambriento de cambio. Desde los antiguos pueblos fabriles de nuestro norte industrial a las granjas de nuestro sur agrícola, las familias se han estado esforzando para afrontar los desafíos de nuestra economía global. Y en la mayoría de los casos, se los ha dañado, en vez de ayudarlos, con políticas económicas que han fracasado en ayudarlos a superarse y alcanzar sus sueños.

Pero lo que escucharon de Barack a medida que viajaba por el estado fue un mensaje de esperanza. Ya fuere que estuviera en el norte o el sur del estado; que estuviera hablando con gente que había sido despedida y que había visto como sus empleos fueron exportados al extranjero, o familias esforzándose para afrontar los costos en aumento; ya estuviera hablando con inmigrantes recientes que querían saber que América también tenía un lugar para ellas, o afroamericanos que cada vez se iban quedando más atrás, Barack hablaba de la misma poderosa idea. La idea que está en el corazón y la esencia de Barack. La idea que está en el corazón de lo que somos nosotros como americanos. Y la idea que está en el corazón de esta campaña. Que todos tenemos un interés creado en el otro; que el bienestar del “nosotros” depende del bienestar de los “él” y “ella”; y que en este país nos levantamos y nos caemos juntos, como un solo pueblo, como una sola nación.

Y lo que ví en esa campaña es lo que estoy viendo hoy: hombres y mujeres comunes de todas las razas, todas las religiones, todas las esferas de la vida, que se unen para exigir un gobierno en Washington que sea tan honesto y decente, tan enfocado y responsable como el pueblo americano.

Compañeros demócratas, éste es un momento histórico. Lo sé. Yo crecí con las lecciones de otra generación, la generación de mi padre. Conozco sus relatos de esfuerzo y sacrificio, de miedo y división. Sé que América todavía es un lugar donde los sueños a menudo se posponen, y las oportunidades se niegan con demasiada frecuencia.

Pero esto es lo que también sé. Sé que aunque América tal vez no sea perfecta, nuestra unión siempre puede perfeccionarse. Sé lo que podemos lograr cuando la gente buena y con convicciones sólidas se reúne alrededor de un propósito común. Y sé lo que un gran líder puede hacer para ayudarnos a encontrar un territorio común. América, hoy necesitamos un líder así, un líder que pueda curar las heridas de los últimos ocho años, un líder que sepa que lo que nos une es más de lo que nos divide, y que América alcanza su mayor fuerza cuando se recompensa al trabajo esforzado y cuando todos nuestros sueños se pueden alcanzar.

Conozco a Barack Obama. He visto su liderazgo en acción. He visto la diferencia que ha hecho en las vidas de personas en todo Illinois. Y es por eso que sé que por nuestros hijos, nuestras familias y el futuro que tenemos en común, él es el líder que América necesita en este momento. A cuarenta y cinco años del día en que un joven predicador clamó “Que viva la libertad”, que la historia muestre en esta cuarta semana de agosto, en esta “ciudad a una milla de altura”, que la libertad no ha brillado nunca desde la cúspide de un monte más alto de lo que lo hace hoy aquí.

La Convención Nacional Demócrata 2008: Discurso Preparado para ser Pronunciado por Jesse Jackson Jr., miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Illinois