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La Convención Nacional Demócrata de 2008: Discurso según fue preparado para ser pronunciado por Mark Warner, Gobernador de Virginia



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DENVER, 26 de agosto /PRNewswire-HISPANIC PR WIRE/ — A continuación, una trascripción de un discurso, según se preparó para ser pronunciado por Mark Warner, Gobernador de Virginia, en la Convención Nacional Demócrata el martes 26 de agosto de 2008:

(Logo: http://www.newscom.com/cgi-bin/prnh/20080331/DNCCLOGO )

Honorable Mark Warner

La Convención Nacional Demócrata 2008

Martes, 26 de agosto del 2008

Discurso Según se preparó para ser pronunciado

Mis compañeros demócratas, mis compatriotas estadounidenses, la contienda más importante de nuestra generación ha comenzado. No solamente la campaña para la presidencia, ni la campaña para el Congreso, sino la campaña para el futuro.

Y yo creo en lo más profundo de mi corazón que con la visión adecuada, con el liderazgo adecuado, y con la energía y la creatividad del pueblo estadounidense, no hay nación que no pueda superar o ganar en una competencia, y que ningún americano debe quedar fuera o quedar atrás.

La campaña para el futuro ya comenzó, y sólo ganaremos si todos los estadounidenses participan. No se ganará con las ideas ni las divisiones de ayer. Y no se ganará con un presidente que se ha estancado en el pasado. Necesitamos un presidente que entienda el mundo de hoy, el futuro que buscamos y el cambio que necesitamos. Necesitamos que Barack Obama sea el próximo Presidente de los Estados Unidos.

Ahora bien, tengo una perspectiva singular sobre esta campaña para el futuro. Como muchos de ustedes, fui el primero en mi familia en graduarme de la universidad. Lo logré gracias al apoyo de mis padres, a unas buenas escuelas públicas, y como mis padres no tenían los recursos necesarios, gracias también al programa de préstamos estudiantiles. Después que me gradué de la escuela de derecho, no tardé en entender que en realidad Estados Unidos no me iba a extrañar como abogado.

De manera que establecí un negocio. Mi primera empresa fracasó a las seis semanas. Mi segunda empresa tampoco tuvo mucho éxito. Fracasó a los seis meses. Y entonces un amigo me dijo que había una idea nueva, una cosa llamada “teléfono para el automóvil”, “teléfono celular”.

Mis amigos me dijeron: “Warner, consigue un trabajo verdadero. Nadie va a querer un teléfono en su auto”. Pero yo vi un futuro distinto. Y con suerte y mucho esfuerzo, entré a la industria de los teléfonos celulares desde el principio.

En el mundo solo hay un país donde podría haber recibido esa educación. Donde podría haber recibido no sólo una oportunidad, o dos, sino tres, y donde podría triunfar, y ese país es: los Estados Unidos de América.

En nuestro mejor momento, no es el linaje o el apellido lo que cuenta. Lo que cuenta no es de donde uno viene, sino hacia donde queremos ir. En Estados Unidos, todo el mundo debe tener una oportunidad justa. Barack Obama entiende eso, porque lo ha vivido. Y Barack Obama está aspirando a la presidencia para restaurarle esa oportunidad justa a cada estadounidense.

Hoy, cuando miramos a nuestro alrededor, vemos que para demasiados estadounidenses esa oportunidad justa se está convirtiendo más bien en una oportunidad improbable. ¿Cuántos chicos tienen las calificaciones requeridas para ir a la universidad, pero sin embargo no tienen el dinero? ¿Cuántas familias pensaban que su casa siempre sería su inversión más segura? ¿Cuántos de nuestros soldados han regresado de su segunda o de su tercera misión de combate, preguntándose si en realidad podrán contar con los beneficios de atención médica y educación que les han prometido? Dos guerras, calentamiento global, una política energética que dice: pidamos dinero prestado a China para comprar petróleo a países que no nos simpatizan. ¿Cuántas personas se dan cuenta de estas cosas y se preguntan qué les espera en el futuro?

¿Para sus hijos? ¿Para su país? ¿Cuántos? En los Estados Unidos de George Bush y de John McCain, son demasiados.

Seamos justos: algunos de estos problemas fueron inevitables. Pero todos son más graves, más inmediatos y más amenazantes debido a las políticas descaminadas y a las ideas obsoletas de esta administración.

La gente siempre me pregunta: “¿Cuál es tu mayor crítica del presidente Bush?” Estoy seguro de que todos ustedes tienen su propia crítica. Esta es la mía: no son sólo las diferencias políticas, sino el hecho de que este presidente nunca ha aprovechado de nuestro mayor recurso: el carácter y la resolución del pueblo estadounidense. Nunca nos ha pedido que demos un paso al frente.

Piensen en esto: después del 11 de septiembre, si el presidente hubiera hecho un llamado para librarnos del petróleo extranjero y dejar de financiar a los mismos terroristas que nos habían atacado, todo estadounidense habría dicho: “¿Qué debo hacer?” Este gobierno no creyó en todo lo que podíamos lograr como nación, cuando trabajamos juntos.

John McCain promete más de lo mismo: un plan que incrementaría el déficit que heredaremos a nuestros hijos. No ofrece ninguna estrategia real para invertir en nuestra infraestructura. Y seguiría gastando $10,000 millones al mes en Irak.

No sé que piensen ustedes, pero a mí eso no me parece correcto. Son cuatro años más de los que no podemos soportar.

Barack Obama tiene una visión y un plan distinto. Ahora mismo, en este momento crítico de nuestra historia, tenemos la oportunidad para corregir las cosas. Y el status quo no lo conseguirá.

Ahora déjenme decirles que si creen que en los últimos 10 años se han producido cambios espectaculares en el mundo y en la tecnología, todavía no han visto nada. El reto ha empezado, y si vieron las Olimpíadas, se habrán dado cuenta de que China aspira a la medalla de oro.

Ustedes saben que Estados Unidos nunca le ha tenido miedo al futuro, y no debemos empezar a tenerle miedo ahora. Si elegimos el camino correcto, cada uno de esos desafíos es también una oportunidad. Observen la energía: si nos libramos del petróleo extranjero, nuestro país será más seguro. Empezaremos a resolver el problema del calentamiento global, y con las políticas correctas, en 24 meses estaremos fabricando aquí mismo vehículos híbridos eléctricos que rendirán 100 millas por galón, con tecnología americana y con trabajadores americanos.

Observen la atención médica: si bajamos los costos y cubrimos a todos, no sólo América será más saludable, sino que también seremos más competitivos en la economía mundial. Piensen en esto: en seis meses tendremos un gobierno que de verdad cree en la ciencia, y entonces de nuevo podremos estar encabezando en el ámbito de investigación para encontrar curas para que salven vidas y que cambien vidas.

Pensemos en la educación: si reclutamos un ejército de nuevos maestros e incrementamos los recursos disponibles a las escuelas para así satisfacer nuestros más altos estándares, no sólo estaremos brindando a cada niño y a cada niña en América una oportunidad justa: también estaremos fortaleciendo nuestra economía. Independientemente de que si quieren ser ingenieros o electricistas, cada joven tendrá la preparación para acceder a los empleos del siglo XXI.

O también pensemos en la posición en que se encuentra los Estados Unidos en el mundo: si reconstruimos nuestro ejército y restablecemos nuestras alianzas, quizás podremos convocar al mundo que derroten el terrorismo y quizás podremos recuperar el liderazgo de Estados Unidos. ¿Cuál es el candidato que entiende estas oportunidades y cuál es el candidato que sabe que no podemos darnos el lujo de perder otros cuatro años? Barack Obama.

Y Barack Obama también sabe que necesitamos líderes que consideren el terreno común como un terreno sagrado. Necesitamos líderes que no nos agraden por ser republicanos o demócratas, sino ante todo por ser estadounidenses.

Saben que dediqué 20 años de mi vida a los negocios. Si estuvieran al frente de una empresa cuya única estrategia sea destrozar a la competencia, esa empresa no duraría mucho. Entonces, ¿por qué es tan difícil encontrar esta lógica en Washington? Sé que estamos en la Convención Nacional Demócrata, pero si una idea funciona, no importa si lleva adscrita una R de Republicano o una D de Demócrata.

Porque esta elección no puede ser resumida en liberales contra conservadores o izquierda contra derecha. Se trata del futuro contra el pasado. En esta elección, en este momento de nuestra historia, sabemos bien cuáles son los problemas. Sabemos que en esta crítica coyuntura contamos con una sola oportunidad y no podemos fallar. Y sabemos que estos nuevos tiempos exigen nuevas formas de pensar.

Creemos en el éxito. Creemos que todas las personas deben tener la oportunidad de progresar y que el éxito conlleva la responsabilidad de asegurar que otros puedan progresar. Estoy convencido de que ser estadounidenses es una bendición, pero también creo que esa bendición entraña una obligación a nuestros vecinos y al bienestar común.

Por eso hay que darle a cada niño y a cada niña las herramientas necesarias para el éxito: escuelas de calidad, acceso a la atención médica, barrios seguros. No sólo porque es lo correcto (y claro que lo es), sino porque si a los niños les va mejor, a todos nos va mejor. Uno puede ser idealista o práctico: al final todos los caminos nos llevan al mismo lugar. Todos estamos en el mismo plano. Esa es la convicción de nuestro partido. Esa es la convicción de nuestra nación. Esa es la convicción de Barack Obama y de Joe Biden.

Y podemos realizar esta tarea, no tengo la menor duda. Cuando fui elegido gobernador de Virginia, el estado se enfrentaban con: un enorme déficit presupuestario, una economía estancada, y una falta de capital. ¿Suena familiar? ¿Y qué hicimos? Unimos esfuerzos: un gobernador demócrata, una legislatura republicana en proporción de dos a uno y una gran cantidad de personas que no se veían como demócratas o como republicanos, sino como ciudadanos de Virginia, juntos redujimos el déficit presupuestario y Virginia fue reconocido como el estado mejor administrado del país.

Logramos inversiones nunca antes vistas en educación y capacitación laboral. Logramos incluir al 98% de los menores que cumplían con los requisitos en nuestro programa de atención médica para la infancia. Llevamos la banda ancha a las zonas más remotas del estado porque, si es posible trasladar un empleo a Bangalore, India, sin duda es posible trasladarlo a Danville, Virginia, y a Flint, Michigan, y a Scranton, Pennsylvania, y a Peoria, Illinois. En una economía global uno no debería tener que irse de su pueblo para tener un empleo de primera.

Permítanme contarles acerca de un lugar llamado Lebanon — Lebanon, Virginia. Lebanon se encuentra en la zona de minas de carbón en el suroeste del estado y en este espacio donde estamos reunidos cabría perfectamente toda la población de Lebanon. Es como muchas ciudades pequeñas de América, que han visto a sus industrias locales desaparecer, o han trasladaron sus negocios a terceros o cerraron. Ahora hay quienes observan ciudades como Lebanon y afirman: “Que mala suerte. En esta economía global, les tocó perder”.

Pero sabíamos que no debíamos ni podíamos abandonar a nuestras ciudades pequeñas ni esperar que el resto del estado prosperara. Por eso, hacia el final de mi gestión, acudí al gimnasio de la escuela secundaria de Lebanon para anunciar mi intención de crear más de 300 empleos de alta tecnología, empleos que pagarían el doble del promedio en el condado.

Un estudiante le dijo a un periodista del periódico The Washington Post que antes solía pensar que tendría que mudarse lejos para poder conseguir un buen empleo y tener una familia. Acabo de recibir noticias de ese joven, Michael Kisor. Está en su tercer año de la universidad en Virginia Tech. Su hermano mayor acaba de volver a Lebanon porque le ofrecieron un empleo en informática que era demasiado bueno para desaprovecharlo.

Esa es una historia que bien vale la pena repetir a lo largo y ancho del país. Con el liderazgo político adecuado podremos volver a alcanzar un nivel de vida mejor –no peor– para cada generación venidera. Podremos volver a hacer de América un faro de la ciencia, la tecnología y el descubrimiento.

Señoras y señores, nosotros sabemos cómo lograrlo. El pueblo estadounidense está listo. Y Barack Obama y Joe Biden lo conseguirán.

Ser gobernador de Virginia me produjo un gran sentido de humildad: ocupé el cargo que le perteneció a Thomas Jefferson. Fue una tarea casi tan intimidante como la de ser el orador principal cuatro años después de Barack Obama o hablar antes del discurso de Hillary Clinton.

Hacia el final de su vida Thomas Jefferson, fundador de nuestro partido, escribió una de sus frecuentes cartas a su viejo rival John Adams. En ella se quejaba de los achaques de la edad, pero en el fondo se preguntaba cómo sería la vida de la siguiente generación de estadounidenses. Antes de irse a dormir, firmó la carta con las siguientes palabras: “Me gustan más los sueños del futuro que la historia del pasado”.

Para Jefferson el vio claro en los albores del siglo XIX; nuestro reto es tenerlo claro en los albores del XXI. Lo que está en juego en esta carrera es el futuro. Esa es la razón por la que debemos elegir a Barack Obama como nuestro próximo presidente. Porque la victoria de la campaña para el futuro llegará cuando el viejo partidismo dé paso a las nuevas ideas, cuando antepongamos soluciones al estancamiento y cuando la esperanza reemplace al miedo.

Esta noche, ante todos ustedes, y con una profunda fe en el carácter y la determinación del pueblo estadounidense, tengo más confianza que nunca en que ganaremos esta carrera y nos adueñaremos del futuro.

Gracias. Que Dios los bendiga. Que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

La Convención Nacional Demócrata de 2008: Discurso según fue preparado para ser pronunciado por Mark Warner, Gobernador de Virginia